sábado, 6 de octubre de 2018

La vida tóxica

Encontraron el cadáver envuelto en tela vaquera, 
en una de esas cazadoras de los 60.

La envidia firmaba su cabeza.
La codicia sus muñecas
Mientras, la hipocresía 
le había cortado la lengua.

Todavía firmes, 
sus manos 
sujetaban una libreta. 

Antes de morir, 
la inseguridad 
borró con lágrimas
todas sus ideas. 

Descansa en paz, pequeña.
Al menos, mientras puedas.

Solo te quedan un par de vidas 
que quitarte

de la misma manera.

viernes, 7 de septiembre de 2018

Soy Culpable de Homicidio

Soy culpable de homicidio. 
Del último residuo de intensidad 
que restase en mi delirio.

Me asfixio.
Entre un millón de prejuicios. 
Tengo el estómago vacío 
y el pecho oprimido 
en un suspiro 
de genes amargos 
y sentimientos desfogados.

Empiezo a padecer de afasia por no leer,
o por leer sin leer.
Pero sin querer, 
sin llegar a entender 
a la musa que aquel poeta 
tuvo que obedecer.

Ahogo mis dudas en el café, 
los gritos en el alcohol 
y las lágrimas en el papel. 

Me siento en la iglesia, 
sin saber qué hacer, 
busco respuestas
donde otros parece que las ven.

Mientras el resto asciende, 
el plomo de mi pecho 
me obliga a caer. 

Tengo miedo de alcanzar el suelo, 
de que al fondo del vacío
haya agua 
donde debería estar el cielo. 

Porque entonces 
sabría que lo que toco es la Estigia 
y no el Olimpo.
Sin otra vida, 
sin paraíso.

Entonces sabría que no existe la redención 
para una pecadora adicta a lo incorrecto, 
que no hace más que escribir mentiras sobre el infierno.

domingo, 8 de julio de 2018

Pesadilla

Hará cosa de un mes,
las calles de Madrid 
empezaron a olerme a pesadilla.

Era una sensación muy extraña

De un momento a otro, 
un resumen muy preciso
de los que fueron 
mis terrores durante años,
resucitan
con la misma fuerza
recreados en mi mente.

El hombre del saco, 
mi cuerpo en llamas
O un imbécil 
con las manos demasiado largas.

Es cuestión de un par de segundos
Revivo 
el insomnio 
de mis peores malas noches.

Solo yo.
Sola en ese instante.

No sé 
si será culpa mía
por forzar 
la intensidad.

Un pretexto de la creatividad.

Tal vez haya conseguido 
sentir de verdad.

Puede que la vida esté probando mi aguante

Quizás solo pretenda asustarme.

No puedo jugársela al destino

Ni seguir tirando fichas a Caronte

Debería volver a lo de antes

Limitarme a sonreír

Fingir que estoy feliz 
a cada instante.

Y olvidarte.

Porque gracias a ti escribo

Me deprimo,

tengo pesadillas

Y dirijo dramas reflexivos 
como Linklater.

Puedo soportar mis pequeños desvíos mentales. 

Cuando deje de tener sueños por la calle, 
sabré que mis musas han muerto 
y no me quedarán suficientes razones
por las que cumplir instantes.

lunes, 14 de mayo de 2018

Héroes de bar

Hoy soñé con volver a ver 
tu número apuntado en la agenda de contactos. 

Como si todavía fueras tú, 
o nunca te hubieras convertido en nadie. 
Como si aún fueramos algo, 
no un vacío inerte de versos con barro.
Como si me lo hubiera imaginado. 
Y nada hubiese pasado.

Hoy soñé con cantares de gesta
en boca de sirenas de un bar Coyote.
Sobre el mio Cid del ron sin cola,
y la Xena Guerrera del bourbon sin soda.

El intenso galán sin espada
Que ni lleva armadura, ni va de gala.
El de las camisetas de grupos de rock.
La princesa guerrera de las medias rotas. 
La de los tacones altos
y la falda corta.

Anoche soñé que juntos
nos convertíamos en héroes.

Que Bowie y Loriga escribían 
en verso 
sobre nosotros.

Que invadíamos Guernika
con chalecos ignífugos
y tanques abstractos. 

Que Picasso terminaba por pintar su cuadro.

Hoy soñé que no me hiciste daño.
Que el nosotros nunca existió. 
No fue más que otro delirio de mi enajenación.

Nos perdimos en los sueños de Lorca,
y también morimos
de un disparo a quemarropa.


miércoles, 11 de abril de 2018

Marilyn sin curvas

Anoche volvimos a encontrarnos. 
En una página en blanco, 
que rehuye la tinta, 
rompe las minas 
y escapa a mis torpes dedos descuidados. 

Tengo la teoría catastrofista 
de que no quiere que volvamos. 

Porque hace una saga 
que nuestros capítulos terminaron.

Apostar por nosotros 
sería una burda manera 
deestirar el chicle entramado; 
ya nadie compra finales felices, 
solo muertes absurdas, 
sin besos bajo la lluvia.

Debimos haber nacido en la época del happy ending.
En el auge del cine. 
Cuando todavía  no había nada creado, 
se podía fumar en los bares; 
y, los mayores problemas, 
de cada metraje, 
eran su banda sonora 
y que Marilyn olvidase sus frases.

Ella sabía conquistarles, 
movía la cadera, 
miraba a cámara, 
hablaba de Chanel,
 y el mundo frenaba, 
únicamente para escucharla.

Ya no queda gente como Marilyn. 
El smartphone eclipsó su confianza,
 a penas quedan curvas 
que valgan levantar la vista de la pantalla.

La pasión y el amor 
están al borde de la extinción. 


Y el “nosotros” es el siguiente en la lista de de exterminación.

sábado, 24 de marzo de 2018

Campo de batalla

Esquivo las balas que fabrican tus palabras. 

Mientras sorteo las baldosas levantadas en nuestra casa.

Porque quizás escondan alguna mina del campo de batalla.

O los pecados, por los que ya no me hablas.

Un cuaderno me sirve de escudo, 
el lápiz hace las veces de puñal 
y el bolígrafo de espada.

Su punta, siempre afilada.

Rota, no me vale nada.

La tinta de la pluma estilográfica se convierte en ácido, 
rompe tu voz y atasca las balas en tu garganta.

Papeles con manchas de café camuflan mis lágrimas.

Granos en polvo sirven de sombra a mis ojeras burtonianas.

Pienso en empezar a tatuarme los recuerdos, 

para dejar de olvidar a las personas que quería y, creo, todavía quiero. 

Porque ya no siento. 

Solo cosquillas con cada estocada. 

Malestar, ante el recuerdo de los besos y caricias que antes me dabas. 

Impotencia, por cada indirecta que me lanzas.

Odio, por no ser capaz de sentir nada. 

Por haberme olvidado de querer, y, en su lugar, haber aprendido lo que verdaderamente significa temer.



martes, 20 de marzo de 2018

Jailhouse Sin Rock

Al fin, 
me enfundaron el mono naranja. 

Danzo,
varada 
en una celda sin ventanas. 

Me cuelgo,
de las cuerdas de un bajo, 
en lugar, de las de una guitarra. 

Un poco de Elvis 
no estaría mal 
para rebajar la dureza 
en el eco de tus palabras.

Poder silenciar las lágrimas,  
llorar tranquila 
los crímenes que me vistieron de presidiaria. 

Trazo en el mástil los días que pasan.

Distingo las horas 
por el brebaje cafeinizado de cada mañana. 

Paso mi condena 
pensando en voz alta. 

En la muerte, 
lo menos, 5 o 6 veces, 
por minuto encerrada. 

Por eso dejé el café, 
creí romántico acumularlo 
en un barreño 
debajo de la cama.
Para dejar que sea mi amarga adicción, 
la que sentencie mi defunción. 

Que parezca un accidente, 
y nadie sospeche 
del vacío que resta en mi alma.

domingo, 11 de marzo de 2018

Carta a un desconcierto

He vuelto. 
Gracias al insomnio.
A soñar despierta.
A pensar rimando. 
A vomitar palabras,
sobre una pantalla resquebrajada 
que empieza a destrozar 
también las fotos 
que tras ella guardaba. 

Vuelve a pasarme factura 
no hacer 
copia de seguridad,
la nomofobia 
ha hecho 
mi memoria virtual. 

Cada imagen
se corresponde 
con uno de mis recuerdos.

Las que retrataban tu nombre, 
ya han sido, 
en su mayoría, 
dañadas por el tiempo.

No deben quedar muchos golpes
para que me ocurra lo mismo 
con tus versos

Ultimamente me siento optimista.

Pienso y espero.

Si el destino es prudente, 
no tendremos 
que volver a vernos. 

Aunque "frecuentemos los mismos lugares", 
yo me pido salir los días impares. 

De ese modo,
evitaremos los momentos incómodos, 
los desvíos de mirada y, 
por supuesto,
el desbordar los embalses 
con más lágrimas. 

La sequía agradece nuestra gran aportación a la causa.

Pero me parece 
que ya ha habido 
suficiente sangre transparente derramada. 

Aunque ahora 
que no estás, 
tenga más marcas. 

Casi puedo recordar nuestras escenas censuradas. 

Las buenas y las malas.

Al final, 
supongo que podré ingeniármelas 
para borrarte,
completamente, 
de mi alma.

Aunque antes deba hacer algunos sacrificios,
como desintonizar a Bob Dylan de mis listas de reproducción; 
embalar todo el cine de autor;
y, por supuesto,
eliminar de mi GPS tu dirección.

Creo que sería más fácil tirar el móvil al agua. 

Esperar a que se rompa la puñetera pantalla, me mata.

Me corto, cada vez que escribo mis falacias.

Así, tal vez, consiga más tiempo de vida, 
solo unos minutos reales
en los que ser feliz.

Seguramente,
en un mundo "romántico",
sin móviles ni ordenador,
nuestra "relación"
habría ido mucho mejor. 

Ahora nos toca seguir adelante
con la cabezonería y dignidad fingida 
correspondientes a esta, 
nuestra sociedad millenial
de última generación. 
A la que parece sobrarle el tiempo,
y no estar preparada
para el verdadero significado
del sufrimiento.

martes, 27 de febrero de 2018

Artista frustrada

No sé cómo lo hago 
para inspirarme siempre 
en los lugares más insospechados.

A oscuras
en una habitación. 

En la esquina derecha
de un baño sin luz, 
junto al vacío 
que ahogó mis propósitos en el pasado, 
y ahora me produce escalofríos 
cuando lo rozo, 
o tengo que mirarlo. 

En el pequeño rincón 
entre la ventana 
y la cómoda de mi cuarto, 
junto a las pesas naranjas, 
bajo el póster de 'El Padrino', 
en diagonal al de 'Pulp Fiction'.

A veces 
acabo llorando. 
Sin saber por qué. 
Supongo que ver mis pensamientos por escrito
duele más que dejarlos escondidos.

Son mi pequeña muestra de humanidad.

Me recuerdan 
que a veces siento, 
y que no tengo todo tan claro 
como opina el resto.

Que en realidad 
no soy más que un manojo de ideas y nervios. 

Que ni siquiera llego a romántica; 
a penas paso de dramática. 

Una intensa más que añadir a la lista. 

Otra obsesa del cine. 

Con una sensibilidad bizarra por los tipos tristes.

Un cúmulo de ambiciones sobrevaloradas 
dibujan a esta artista frustrada, 
que no solo escribe en el metro, 
y que encima, 
cada vez está menos inspirada.

martes, 13 de febrero de 2018

Ella

Con maquillaje en las manos. 

Unas ojeras que casi rozan sus labios. 

Dientes, que hace tiempo dejaron de ser blancos. 

Deambula encorvada, más insegura a cada paso, en parte, por las marcas de sus brazos, también, por su rostro dañado. 

Voz ronca por su pasado, la silencia en un sonrojo. 

Tartamuda por timidez, y torpe en el descuido creativo.

Ella subsiste en su túnel, fiándose de las sombras que describió Platón.

Escribe sin corazón, sin vivencias ni pasado. 

Cree poder vivir igual al resto, pero en el fondo sabe que nunca podrá hacerlo sin sentimientos.

viernes, 26 de enero de 2018

No soy Stanislavski

Echo de menos sentir
el ansia por vivir.

Añoro las sonrisas 
que no tenía que forzar,
y las lágrimas 
que antes se me escapaban 
cuando me hacías reír.

Ahora mis ojos solo arrojan sangre transparente.

Resbala, formando cicatrices por mis mejillas;
repasa mis pecas, hasta que alcanza mis labios. 

Los tuyos 
ya no son lo suficientemente afables 
como para curarlos.

Porque te tengo sentado a mi lado, 
pero parece que hubiera 
un muro de hormigón entre ambos.

Olvidé el color de tus ojos
y el sabor de tus labios.

Tus gustos y encantos.

Solo veo una sombra en el asiento de al lado.

Creo que me suena de algo.

Tal vez de haberme enamorado.

Pero en mí no quedan sentimientos 
que avalen lo abordado.

Hace siglos, 
el humo y el café 
se perdieron por el camino.

Esquivaron mis pulmones
y alcanzaron mi corazón.

Lo tiñeron de negro,
a juego con mis miedos.

Me inhabilitaron para sentir, 
soñar o amar.

Luego dejé de fumar,
pero al café me fue imposible renunciar.

Encharca mis órganos internos,  
para que a ninguna emoción
se la ocurra transformarse en sentimiento.

Me convertí en actriz.

La que soñaba 
con mirar la vida tras una cámara.

Perdió el derecho a soñar
y el rol de cineasta.

Me encuentro sentada 
frente a ella. 

Junto a ti.

Ahora, es lo único que me permite vivir,
algo semejante a sentir.

Dicen que soy buena actriz,
Porque se me da bien fingir ser otra persona.

Siempre es más fácil.

Aunque el cine ahora vaya con filtro, 
y solo quede un vestigio 
de lo que en su día, 
un cinéfilo ocurrente, 
apodara como cinema verité.

Soy un ser averiado,
que llora con lágrimas de sangre.

Bebe café con Whisky.

Y finge soñar despierta,
para que nadie se entere
de que actúa,
y no siente.

Porque vendió su alma al diablo.
Por una utopía de ensueño.
La oportunidad, en el pasado,
de amarte aunque solo fuera 
por unos años.
Foto: Raquel Martín (@leuqarpictures)

viernes, 5 de enero de 2018

Woody Allen al guion

"Quien no ha sido besado en una de esas lluviosas tardes parisinas, nunca ha sido besado." Woody Allen

Corrimos cuesta abajo, al filo del precipicio, la lluvía hizo el terreno resbaladizo. 

Mi jersey y tus vaqueros no fueron la mejor indumentaria para la ocasión; 

Mis medias rotas, tus calcetines raídos, 
cualquiera que nos hubiera visto,
empapados en alcohol y gotas de lluvia, 
nos creería extraños individuos. 

Borrachos o lunáticos,

puestos hasta las cejas 
de cualquier mierda ilegal.

Cuando por nuestras venas solo
corría el éxtasis 
del cuarto café irlandés,
mezclado con nuestro
romanticismo.

*Exceso de dramatismo*

Y, hasta donde yo sé, 
el Bourbon no ha sido, todavía, 
prohibido por ninguna ley.

Como tampoco
interpretar otro papel.

Supongo,
que en algún momento de la noche, 
el whisky tuvo que 
confundirse con nuestro sudor.

El nuevo perfume 
podría habernos nublado el juicio.
Y nuestra apariencia
sido calificada,

Cuestionada,
como extraña.

Achacada
a la locura, 
o a lo que es lo mismo,
la falta de cordura.

En ese instante,
nadie nos 
habría descrito 
como una pareja "normal".

Tampoco creo 
que nosotros
podamos presumir 
del título de pareja
ni de dicho sintagma adjetival.

Aunque...

¿Quién dijo 
que buscásemos 
la normalidad?

Prefiero que me tachen de rara
a ser una más.

Además, 
me gusta tu peculiaridad,
te hace más original.

Valoro que podamos correr por correr, borrachos, porque al cine ya no llegamos. 

Y que ninguno de los dos crea en probabilidades, 
mucho menos en porcentajes. 

¡Somos de letras señores! 

Nuestro destino lo sella la esperanza, 
que la literatura puso en sus batallas;
de niños leímos de corrido,
y luego marcó nuestra infancia.

Para nosotros "lo imposible" no es más que una película triste 
de guion mediocre 
y dirección sobrevalorada.

Ahora que lo pienso,
anoche tampoco corríamos en vano. 

Porque lo importante siempre fue llegar. 

Llegar tarde, pero llegar.

Meternos en cualquier sala 
y disfrutar de trailers y avances 
que nos pongan los dientes largos.

Prometernos, 
ir juntos a la próxima proyección.

Susurrarnos,
curiosos datos cinematográficos.

Enamorarnos,
de películas con guiones fantásticos.

También el uno del otro,
pero de una forma menos convencional
como si tuviéramos
a Woody Allen de nuestro lado.

Tal vez consigamos,
besarnos 
a ritmo de buen jazz.

Atravesar la gran pantalla
y aparecer en otra realidad.

O gustarnos
más que a Alvy Singer, 
Annie Hall.

Un amor de película, 
con nosotros juntos en la silla del director.

Así nadie encontraría tan bizarro,
que corrieramos empapados.

En la gran pantalla,
las escenas bajo la lluvia
siempre fueron el punto de inflexión
entre el cinéfilo crítico, y el más ñoño espectador.