viernes, 5 de enero de 2018

Woody Allen al guion

"Quien no ha sido besado en una de esas lluviosas tardes parisinas, nunca ha sido besado." Woody Allen

Corrimos cuesta abajo, al filo del precipicio, la lluvía hizo el terreno resbaladizo. 

Mi jersey y tus vaqueros no fueron la mejor indumentaria para la ocasión; 

Mis medias rotas, tus calcetines raídos, 
cualquiera que nos hubiera visto,
empapados en alcohol y gotas de lluvia, 
nos creería extraños individuos. 

Borrachos o lunáticos,

puestos hasta las cejas 
de cualquier mierda ilegal.

Cuando por nuestras venas solo
corría el éxtasis 
del cuarto café irlandés,
mezclado con nuestro
romanticismo.

*Exceso de dramatismo*

Y, hasta donde yo sé, 
el Bourbon no ha sido, todavía, 
prohibido por ninguna ley.

Como tampoco
interpretar otro papel.

Supongo,
que en algún momento de la noche, 
el whisky tuvo que 
confundirse con nuestro sudor.

El nuevo perfume 
podría habernos nublado el juicio.
Y nuestra apariencia
sido calificada,

Cuestionada,
como extraña.

Achacada
a la locura, 
o a lo que es lo mismo,
la falta de cordura.

En ese instante,
nadie nos 
habría descrito 
como una pareja "normal".

Tampoco creo 
que nosotros
podamos presumir 
del título de pareja
ni de dicho sintagma adjetival.

Aunque...

¿Quién dijo 
que buscásemos 
la normalidad?

Prefiero que me tachen de rara
a ser una más.

Además, 
me gusta tu peculiaridad,
te hace más original.

Valoro que podamos correr por correr, borrachos, porque al cine ya no llegamos. 

Y que ninguno de los dos crea en probabilidades, 
mucho menos en porcentajes. 

¡Somos de letras señores! 

Nuestro destino lo sella la esperanza, 
que la literatura puso en sus batallas;
de niños leímos de corrido,
y luego marcó nuestra infancia.

Para nosotros "lo imposible" no es más que una película triste 
de guion mediocre 
y dirección sobrevalorada.

Ahora que lo pienso,
anoche tampoco corríamos en vano. 

Porque lo importante siempre fue llegar. 

Llegar tarde, pero llegar.

Meternos en cualquier sala 
y disfrutar de trailers y avances 
que nos pongan los dientes largos.

Prometernos, 
ir juntos a la próxima proyección.

Susurrarnos,
curiosos datos cinematográficos.

Enamorarnos,
de películas con guiones fantásticos.

También el uno del otro,
pero de una forma menos convencional
como si tuviéramos
a Woody Allen de nuestro lado.

Tal vez consigamos,
besarnos 
a ritmo de buen jazz.

Atravesar la gran pantalla
y aparecer en otra realidad.

O gustarnos
más que a Alvy Singer, 
Annie Hall.

Un amor de película, 
con nosotros juntos en la silla del director.

Así nadie encontraría tan bizarro,
que corrieramos empapados.

En la gran pantalla,
las escenas bajo la lluvia
siempre fueron el punto de inflexión
entre el cinéfilo crítico, y el más ñoño espectador.



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