miércoles, 7 de junio de 2017

Lectora con complejo de escritora


Me han preguntado; 
que por qué nunca había comentado a nadie
que sabía escribir; 
cuando yo pensaba que a día de hoy
raro era el analfabeto que no sabía hacerlo.

Qué extraño, yo siempre había creído
mi letra peor a la del resto.

Que desde cuándo escribo;
desde que aprendí a hacerlo, 
hará ya catorce o quince años,
no lo tengo muy claro; 
recuerdo un cuadernillo naranja, 
con muchas normas, 
casillas que rellenar y ejercicios para puntuar,
no me vendría mal repasarlos ahora,
echarles un vistazo
y aprender de una puñetera vez a poner puntos y comas.

Que dónde cojones había tenido escondidos mis escritos;

En un bloc de notas digital, 
574 hojas sueltas, 
forman ahora un auténtico rompecabezas.

Que repito, no soy escritora
que lo mío son las cartas
y según García Márquez
entonces, no puedo escribir prosa.

Que esto que escribo, 
son solo cosas feas, 
camufladas con palabras bonitas, 
rimas, falacias 
y metáforas fantasiosas; 

Que no es más que egoísmo
una forma cínica de soltar toda la mierda que llevo dentro; 

porque ya lo he intentado borracha 
y luego se entera quien no se debe enterar,
todo sale mal 
y la gente te odia por callar tantas cosas 
para después vomitarlas de forma bochornosa.

Que leo lo que escribo
de forma inconsciente;

Que tanto libro hace que imite a los grandes sin quererlo, 
que aunque me cueste admitirlo lo mío no es ser original, 
seguro que alguien pensó lo mismo años atrás.

Que escribo para olvidar
porque algún genio me dijo que es la única forma de hacerlo sin receta médica; 
al menos hasta que se legalice la droga de erosión de memoria de Loriga*
o alguien invente una máquina erosiva como la de Charlie Kaufman*.

Que sigo queriendo olvidarte,
pero con estos escritos
solo te haces más real.

Que recuerdo cosas que no debería recordar
y olvido aquello que me gustaría memorizar.

Que no sé por qué invoco la imagen de tus labios
si no recuerdo haberlos probado;

Que me siento cínica cuando pienso en mí, 
pero luego estúpida pensando en ti.

Que he decidido no pensar más
poner la música alta, 
y olvidarme de la sociedad;

Pero ni el más heavy rock n'roll
es capaz de silenciar
esa voz interior
que se encarga de narrar,
cada cosa que hago, hice o pienso, 
en forma de mediocres versos;

como si realmente fuera poeta 
y no una triste lectora
que ha leído demasiado 
y ahora se cree escritora.



* Ray Loriga: Referencia a su libro Tokio ya no nos quiere.
*Charlie Kaufman: Referencia a su libro The Eternal Sunshine of the Spotless Mind.



martes, 6 de junio de 2017

Confuso recuerdo.

"Vuelve y al menos inventa una despedida,
 finjamos que la tuvimos."
-The Eternal Sunshine of the Spotless Mind


Hoy te he visto en el metro, 
o en el cine, creo,
en verdad últimamente no distingo ni donde me encuentro.

Ibas leyendo algo en el móvil,
puede que escribiendo;
tal vez jugando al Clash of Clans
pero eso te haría parecer menos intelectual, 
así que pongamos que andabas escribiendo. 

Una canción ñoña, 
una nota de suicidio 
o tal vez una curiosa escaleta,
para un cortometraje fantástico o un largo tarantinesco.

Le ponías mucho empeño, 
prefiero optar por la última suposición; 
porque eres el futuro del cine español, 
romperás los esquemas,
y dejarás al mundo boquiabierto.

Eres puro ingenio; 
apuesto por ello, 
sin siquiera haber leído lo que ibas escribiendo.

También vi que llevabas puesto un auricular, 
imagino que escuchabas música;
puede que country de Johnny Cash, 
versos de Bob Dylan 
o tal vez algo más clásico, 
rollo Freddie Mercury, Sex Pistols o los Rolling.

Aunque igual me equivoco,
puede que fuera música comercial; 
Justin Bieber, Despacito o a Enrique Iglesias haciendo playback,
qué más dará; 
prefiero no pensar esas cosas,
o que no sean verdad, 
porque entonces
me dejarías de importar.

Desviaría la mirada 
y serías una farsa más. 

Has levantado la cabeza y me has cazado infraganti observándote a lo lejos, 
no me molesto en apartar la mirada, 
ya no hay vuelta atrás.

En lugar de hacerte el sueco,
me has sonreído, saludado
y te has acercado a contarme entusiasmado 
la idea para tu guion; 
te has sentado a mi lado 
y luego nos hemos callado.

A punto estaba de comenzar la obra de teatro.

Me has cogido la mano, sonreído en la oscuridad, 
la has besado y hemos visto algo de Shakespeare,
Lope o Lorca en el escenario.

Como ya te he dicho, ultimamente no distingo ni dónde me encuentro;

Ahora que lo pienso,
tal vez fuera todo un sueño;
recuerdo las sábanas, el cuadro de Amelie en el cine, 
nuestra foto en el metro de Nueva York 
y la estantería llena de libros de teatro clásico, 
cine y ciencia ficción.

Me giro y no te encuentro, 
un oso de peluche ocupa tu lugar.

Mis recuerdos parecen difusos ahora que tú no estás; 
me siento confusa, perdida en esta gran utopía,
confundo vigilia y ensueño, 
vivo en un delirio irreal, atemporal, que tampoco entiendo;
ni Descartes podría sacarme de este desconcierto.