domingo, 10 de diciembre de 2017

Mirarme al espejo

En mi reflejo,
solo veo un saco de huesos, 
un cadáver impávido, de pellejo, 
ojeras y sueño.

La sombra
se ha adherido a las cuencas de mis ojos. 

Mis labios,
están cubiertos de una fina lámina blanca
que, en otro tiempo, era de caramelo.

Arrugada, agrietada, 
cada corte sabe a óxido 
cuando mi lengua
trata, con saliva, de cicatrizarlo.

El espejo
parece haberse roto en mil pedazos.

Las horas
frente a un móvil resquebrajado
hacen que mi vista cansada
vea todo del mismo modo. 

Mirarme al espejo.
Ver un rostro destrozado,
de una muñeca de porcelana,
de una niña desalmada.

Roto, 
en demasiados trozos. 

Frágil,
y descuidado.

Con mil y una imperfecciones,
resultantes de una producción 
en cadena de errores.

Me miro al espejo;

Mis pupilas,
parecen ser lo único que ha quedado intacto.

Salvo por la fina 
cortina de agua salada,
que amenaza con desbordar los límites de mis pestañas.

Con un goteo de lágrimas 
o una cascada.

¡Qué alguien avise al barquero!

A Caronte, me refiero.

Que esté preparado 

para recogerme.

La próxima vez que me mire al espejo.

Por si acabo ahogada en la Estigia, 
y esta vez no logro 
resurgir del infierno.


jueves, 30 de noviembre de 2017

Noches en verso

Tiempo. No hay tiempo. Necesito tiempo. 
A mis días les faltan horas, y yo me dedico a perderlas escribiendo.

Te echo de menos. Y ese delirio es mi mayor pérdida de tiempo. 

Mi personalidad cambia a falta de tiempo. Me vuelvo hipócrita,
porque el sueño hace que me falle el conocimiento.

Vivo a destiempo y sueño a contratiempo. Tengo miedo. 
A no poder sacar adelante todos mis proyectos. 
A hundirme en el lodo, en el fracaso de todo lo que no he hecho.

Tiempo, veinticuatro horas son pocas cuando sufres de insomnio 
y pierdes las noches escribiendo.

Ayuda, si fuera posible, moriría de sueño. 
Pero ni para eso tengo tiempo.

Respiro a destiempo, a veces temo que el aire se acabe y muera en el intento.

¿Por qué hago esto? 

Porque pienso en futuro y el presente lo temo. 

Porque estoy a gusto y hasta eso me da miedo. 

Porque la ausencia de buenos libros hace que me desespere,
pierda mi buen juicio y haga daño a la gente.

Porque no sé por qué me estás leyendo, escuchando u oyendo; 
si ni siquiera sé quién soy o el propósito de estos versos. 

Solo escribo lo que pienso. 
Demasiadas frases cortas, rimas absurdas y pensamientos inciertos. 

No tengo tiempo. Escribir me ahorra horas de pensamiento, camufla mis complejos, y hace que mis problemas parezcan simples contratiempos. 

La lectura y escritura podrán ser mi mayor pérdida de horas de sueño. 

Pero dormir es de cobardes y algunas cosas merecen la ausencia de tiempo. 

Todo sea por más noches en verso. Sus adjetivos maquillan mis ojeras y hacen que no me ahogue en mis delirios suicidas ni caiga en el adocenamiento.


domingo, 5 de noviembre de 2017

Vuelta a Matrix

Llorar por costumbre, más que por necesidad.


Enjuagarse las lágrimas, secarlas en libros, rasparse los párpados con el papel escrito. 


No ser capaz de sentir más, ni una mísera gota de agua, cascada, géiser o tormenta tropical.


Tapar los golpes con la ficción, fingir como para ganar un Óscar a la mejor interpretación.


Sonreír por protocolo, maldecir solo por dentro de una mente desierta de raciocinio y ahora también de ingenio.


Bang. Un único disparo. Cargado de palabras hirientes. Primer corazón roto, dicen que el que más duele.


No poder restaurarlo. Ni con tiritas de frases cortas, ni con vendas de  textos largos, cargados de éxtasis o de algo llamado talento. 


Bloqueo de mente, bloqueo de autor, es posible que el disparo haya bloqueado mi imaginación. 


Bloqueo total. Lo ha conseguido, me ha convertido en una más. 


Sin palabras, solo soy una persona normal. Me viene grande el término de incomprendida, he perdido la originalidad. 


Me despido de este mundo, entro en Matrix, ahora sigo la corriente, y abrazo la banalidad. 





lunes, 23 de octubre de 2017

Censuradora de sonrisas

 'Stuck in love' Josh Boone.

¿Recuerdas su sonrisa? 
Esa mueca infeliz, 
que al principio te parecía aburrida.

¿Te acuerdas de cuando no le soportabas?
porque te parecía que se creía especial.

Un prepotente poco original.

¿Recuerdas cuando descubriste
que realmente era diferente a los demás?

¿Te acuerdas de lo fácil que era
hablarle al principio?
cuando no había ningún sentimiento de por medio.

¿Recuerdas esa utopía, 
que nublaba tus sueños 
Pero tú fingías ignorar?

¿Te acuerdas de esos ojos
cuyo color te esforzabas por olvidar 
cuando su mirada se encontraba con la tuya por casualidad?

¿Recuerdas los encuentros 
fortuitos
que siempre intentaste evitar?

¿Es que no te has enterado
de que el amor es imposible de controlar?

Que aquel presunto Cupido 
pincha a quienes quiere de forma impar
que no es más que un envidioso asexual.

A ti te ha cogido cariño,
le gusta jugar contigo, 
busca probar si realmente puede
hacerte picar, 
que caigas en los brazos de algún
príncipe, sapo, periodista, artista, poeta o trovador.

Que al menos te esfuerces por algo, 
y no tires la toalla a la primera de cambio.

Que busques estar con alguien 
y tu corazón abrace la libertad;
rompa el papel de regalo 
y tus sentimientos vayan detrás,
porque sabes que los tienes
aunque se escondan muy al fondo.

Deja los prejuicios de lado, 
censura tu timidez, 
rompe con lo preestablecido 
y enamórate de una vez.

viernes, 6 de octubre de 2017

Narcicista



Desorientado, busca una salida.
Escapar de la abstinencia, 
fugarse, esfumarse, 
parar de fumar,
de pensar,
olvidar,
olvidarse, 
olvidarla. Sin dejar huella. 
Sin mirar atrás. Sin mirarla a Ella.

Piensa en dejarla. Dejar la droga, 
que consume su vida ahora.
Dejarla sola, postergada,
sin mirar de vuelta, ni volver a verla.

Pretende dejarla a Ella. 

No es tan fácil. Paso a paso, 
son demasiados escalones para hacerlo del tirón. 

Debería empezar por privarse del café, por su aroma.
Por esa adicción que manchaba sus camisas y la impregnaba de su olor. 

Ese color, que se asemeja al de sus ojos a falta de luz. 
Ese sabor, que recuerda al de sus labios 
cuando de mañana se levantaba revoltosa
y le esperaba en la cocina con nada más que una camisa 
manchada,
como no, como siempre, de café.

Se cree capaz de pasar de Ella. 
Pero, cómo hacerlo si cada puto lugar del mundo
lo ha soñado para ella. 

Si todas las canciones que escucha o hablan de amor
o las ha escuchado antes con Ella. 

Si toda la comida que le gusta le sabe a Ella 
y todas las películas que visiona 
guardan alguna relación con Ella.

En ocasiones como esta
la idea de abrirse las venas no parece tan descabellada.

Porque es más fácil que olvidarla. 

Arrancarse los ojos, para dejar de verla. 

Cortarse la lengua y rasparse los labios
para sacarse los suyos de la cabeza.

Ir a la guerra, y esperar en las trincheras
a que una explosión reviente sus tímpanos o con suerte 
la muerte le vuele la cabeza. 

Así en lugar de arriesgarse a cortarse las venas, 
parecer un cobarde, 
un idiota estúpido en busca de un final épico,
digno de un artista frustrado, actor en paro o estrella del rock abrumado 
por el éxtasis y la presión.

Le creerían valiente por perder la vida de contienda.

No tendría que dejar el café o el tabaco, arrancarse los ojos ni tampoco rasparse los labios.

Y aunque Ella le odiase, 
si muriera en la guerra,
seguramente Ella sería
quien no podría sacárselo 
de la cabeza.

martes, 26 de septiembre de 2017

Una más

1989. Son los días que hace que no veo una buena película. Uno más, uno menos. Puede que exagere y no sea para tanto, que en realidad no pase de la tercera cifra, tal vez ni siquiera llegue a la segunda.

Quizá sean solo paranoias mías, pero ultimamente siento que el tiempo pasa más rápido de lo normal, si no lo pierdo yo más de lo habitual.

¿Qué fue de esa niña que anteponía el cine a su vida?

La que se veía de 3 a 8 películas al día. Incluso cuando no podía. Ya fuera por falta de tiempo o por puro agotamiento, su cabeza hacía las veces de sala de proyección, sus idas de olla llenaban las horas muertas de su rutina y era el cine clásico, indie o de autor lo que la salvaba de caer en la monotonía.

¿Qué fue de aquella niña que escribía
todo aquello en lo que creía?

¿Habrá madurado?

¿O simplemente se habrá cansado
de nadar a contracorriente
y mandar a la mierda a la gente
que antes le era indiferente?

¿Habrá tirado sus sueños al mar
y se habrá convertido en una más?

¿Otra niña tonta a la que aguantar?

Espero que no sea verdad,
que este no sea más que otro de sus sueños
o delirios de irrealidad.

Pues como dijo hace tiempo,
si hay algo que escasea en esta sociedad
es la gente original.

Porque ser diferente es especial
y muy aburrido llevar una vida normal.

Deberíamos olvidar
los límites de lo impuesto como correcto
o al menos dejar de copiar
y hacer aquello que el corazón nos grita que debemos
lo que nuestro cerebro decide ignorar,
mientras nuestra imaginación se esfuerza por escuchar.

Dejemos en paz al resto
de órganos,
que pretenden "abrirnos los ojos",
cerrando las persianas a los sueños.

La niña hizo oídos sordos. Han cosido sus ojos. Ha tirado sus sueños al mar. Ya es una más, otra niña tonta a la que aguantar.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Me llaman Murphy

En mi casa me llaman Murphy
por esa ley famosa que sostiene la Teoría del Caos. 

Dicen que soy como un desastre natural, 
terremoto o huracán; 
ese alguien a quién no se le pueden encargar cosas importantes, 
porque todos saben que lo hará mal,
romperá algo
o provocará una catástrofe nuclear.
Hay quien me cree Odisea
piensa que destruyo todo cuanto toco, 
que soy incapaz de valerme por mí misma 
o que no llegaré a nada en esta vida. 

A lo sumo pondrán mi nombre al próximo huracán, 
la gente olvidará a Katrina 
y al menos se me recordará.

Soy la soñadora rockera de la familia;
la de la carrera basura, 
el pato mareado que no sabe bailar,
la niña aburrida que confundía requetón* con queso, 
la que se pierde entre calles y metros, 
hace planes raros 
y luego se entretiene leyendo.

A veces me llaman caos
ni siquiera se molestan en endulzarlo. 
Se enteraron de que tomaba el café solo, 
que me iban los sabores amargos. 
Lo sueltan de forma natural,
sin masticarlo.

Les trae sin cuidado, 
dan por hecho que ya me he acostumbrado.

Cuando mi padre se enfada, 
grita.

Pero ella siempre está gritando.
Yo la respondo en forma de sarcasmo. 

A cada uno de ellos
le recuerdo al contrario.

Supongo que por eso se divorciaron,
por su incapacidad de ponerse de acuerdo en algo. 

Las personas mayores nunca tienen las cosas claras.

Lo único en lo que mis padres coinciden, es en mi alias.

Me llaman Murphy, Caos, Odisea y Desastre;
la sinceridad para ellos es muy importante.


jueves, 14 de septiembre de 2017

Hoja en blanco

Dejó de escribir, de la noche a la mañana, un día se despertó sin alma y sin ganas de nada. Intentó apuntar algo en su libreta, pero la hoja en blanco se le antojó demasiado delicada, sus manos no parecían responder a lo que su cerebro, a gritos, vociferaba. 

Las gotas de agua salada que, antes, sus escritos emborronaban, caían en cascada deslizándose por sus mejillas, sin poder, ella, controlarlas.

Las canciones tristes se tornaron estridentes y ni el mismísimo Chet Baker fue capaz de apaciguarla.

Nunca tendría constancia de lo que, en ese momento, su cabeza rondaba. 

Impotente y acelerada, supuso que habría llegado su hora, era la única alternativa que para ella todo lo explicaba. 

Solo que no sentía nada, ni el dolor o el frío del que en las novelas se habla; tampoco el sentimiento de nostalgia, por el último aliento de vida que la quedaba.  

Nada por nada, nada por nadie, 
ya ni siquiera le recordaba.
Sus ojos azules, sus palabras;
sus pestañas rizadas, su nombre complejo,
sus besos y versos, 
dientes torcidos,  
y las canciones que a veces al oido la susurraba.

La pluma de pronto parecía afilada. Sus ojos frenaron el llanto, y miraron la hoja húmeda, ahora manchada, y  de forma casi mecanizada su nombre escrito en sangre apareció de la nada. Hizo falta que ella muriera para que lo recordara.

sábado, 12 de agosto de 2017

Incomprendida




Cuando sus lágrimas se fundieron con el sudor tropical, el murmullo amazónico se encargó de camuflar cualquier vestigio de sollozo. 
Supo que estaba a salvo. Nadie tendría por qué enterarse de que había estado llorando.

Se puso las gafas de sol, para ocultar sus ojos rojos, humedecidos y cansados, y volvió a llorar en silencio, con superficial actitud inexorable, fingiendo prestar atención a lo que el guia turístico estaba explicando.

Hacía tiempo que no lo hacía en público, con los años, creía haber aprendido a controlarlo. Construido una fachada sólida, lo suficientemente resistente como para aguantar comentarios hirientes y acusaciones insolentes, creía haber madurado, haberse hecho fuerte o, al menos, haber aprendido a aparentarlo.

Pero había cosas que la seguían afectando.

Puede que a primera vista los temas por los que lloraba no fuesen para tanto y, a veces, su inconformismo pareciese premeditado. 
No era culpa suya, ella no era capaz de controlarlo.

Las fachadas son meras barreras de papel pinocho,
encargadas de sostener las piezas de un personaje roto;
su inseguridad y titubeo hacen que corra el riesgo de resquebrajarse de nuevo, 
cuando rompe con lo considerado políticamente correcto.

Seres frágiles de apariencia inescrutable; 
fríos, serios y apáticos,
ridiculizados como incomprendidos y tachados de raros o niños malcriados.

Personajes deprimidos, que no hacen daño a nadie, cuyo único crimen fue ser demasiado serios, preferir a veces un libro a otro objeto, vivir en las nubes y andar siempre perdidos en sus pensamientos.







domingo, 6 de agosto de 2017

Huí.

Lo admito, me asusté, 

me cagué por la pata baja, 

lo hice a conciencia, 

fui cobarde y huí, 

ahora no puedo negarlo, 

pero tampoco aceptarlo.


Lloré, no me quedó otra, 

las lagrimas surgieron, 

sin venir a cuento, 

sin yo pretenderlo, 

mis ojos se humedecieron,

y pronto mis mejillas también lo hicieron.


Salí corriendo, 

como una niña pequeña, ridiculizada, derrotada, intentando escapar, 

perderla de vista, 

darle esquinazo,

Ignorando la realidad, 

sumiéndome en una oscuridad ficticia, a modo de autodefensa.


Ni siquiera llegué a huir de sus ofensas, 

empecé a correr antes de que todo ocurriera, 

anteponiendome a lo que pudiese pasar;

porque ya estoy acostumbrada a esta sociedad.


Caí, pero lo hice mucho antes de empezar a correr.

Antes de asustarme,

y por supuesto mucho antes de que mis ojos decidiesen que el sol no merecía ser de agosto el protagonista, 

que era un bonito día para nublarme la vista.


Hace años que vendí mi alma al diablo, 

cuando mi corazón parecía haberse roto en mil pedazos, 

y las ganas de vivir se confundieron con las de morir,

cuando mi cuerpo solo se esforzaba por subsistir.


Lo cierto es que huí, 

de sus juicios insustanciales,

de sus miradas triviales,

y de mi actitud pusilánime. 


Lo admito, salí corriendo, 

pero ahora lo pienso,

y no me arrepiento.


Es mejor ver pasar el tiempo corriendo, 

que con gente que solo te provoca sufrimiento.

lunes, 10 de julio de 2017

Café y sangre.

Café y sangre.

Sangre con el café;
porque tomarlo solo hay quien lo considera raro;
y mezclarlo con whisky, parece cosa de borrachos. 

Sangre dentro del café,
para dar el toque ferroso a la bebida de moda cafeinizada; 
la droga amarga, 
sin gas ni otras sustancias.

El azúcar solo engaña a una parte del paladar, 
te miente y luego hace sentir mal. 

La sacarina no debería producir ninguna enfermedad, 
pero ahora ha sido caracterizada como veneno mortal.

El arsénico, pasó de moda con la invasión del 'cero', 
el cero por ciento;
la nueva peste 
o malaria moderna, 
el suicidio asistido de nuestra era;

De eufemismo dieta extrema, 
aunque hay quien prefiere el término anorexia.

Algunas niñas vuelven a querer ser princesas, 
pero ya no les basta el 90 60 90;

Ahora hay caballeros que las prefieren rectas.

Sangre con el café.

Si el vampiro es inmortal, la sangre será la cura a todo malestar; 

la fuente de la juventud, la clave para la infinitud;

El secreto de la belleza, y también, el de la vida eterna.

Sangre para ser feliz en la superficie;
Café para no caer, permanecer de pie; 
ya nadie duerme, 
soñamos despiertos, despistando a nuestro cerebro.

Café con sangre, para engañarte;
la leche es ya cosa de los de antes.